El platillo de madera me hizo mucho daño. No podía utilizar el sombrero, por mi cráneo. En cuanto a tender la mano, ni pensarlo. Me procuré pues una lata de hierro blanco y la sujeté a un botón de mi abrigo, pero qué me pasa, de mi chaqueta, al nivel del pubis. No se mantenía derecha, se inclinaba respetuosamente hacia el transeúnte, no había más que dejar caer la moneda. Pero esto le obligaba a aproximarse mucho, se arriesgaba a tocarme. Acabé procurándome una lata más grande, una especie de gran lata, y la coloqué sobre la acera, a mis pies. Pero las gentes que dan una limosna no les agrada tirarla, ese gesto tiene algo de desprecio que repugna a los sensibles. Sin contar con que deben apuntar. Quieren dar, pero no les gusta que la moneda se escape dando vueltas bajo los pies de los transeúntes, o bajo las ruedas de los vehículos, donde cualquiera puede cogerla. En resumen: no dan. Los hay evidentemente que se agachan, pero en general a la gente que da una limonsa no le agrada que ello le obligue a agacharse. Lo que realmente prefieren es ver al mendigo de lejos, preparar el penique, soltarlo en plena marcha y oír el Dios se lo pague debilitado por el alejamiento. Yo no decía eso, yo no he sido nunca muy creyente, ni nada que se le parezca, pero lanzaba de todos modos un ruido, con la boca. El final. Samuel Beckett.
Fabricame una máscara y un muro que detenga a tus espías
de penetrantes ojos esmaltados y garras telescópicas,
estrupro y rebelción en las habitaciones de los niños de mi rostro
una mordaza de árbol caído que sujete a enemigos desnudos,
a la lengua de bayoneta en este rezo desguarnecido
a la boca presente, y a la dulce trompeta del engaño;
ataviada en antigua armadura, y en roble, la aprobación de un tonto,
para usarla de escudo contra la inteligencia esplendorosa,
y sembrar confusión entre los jueces examinadores;
y el viudo lamentar, manchado por las lágrimas,
curvado al descender por las pestañas
para disimular la belladonna y que los ojos secos perciban
cómo otros traicionan las mentiras plañideras de sus pérdidas
con el doblez de la desnuda boca o la risa en la manga.
Dylan Thomas
The Big Bang Theory by arnaud-k
All indications are that I’ll stay alone. Just great.
American psycho / The shadow over Innsmouth.
(Source: penishole)
” Observe the wonders as they occur around you. Don’t claim them. Feel the artistry moving through and be silent. “ —Rumi
(via theuniverseworks)
Momentos en los que la extraño más aún, más de lo recomendable. Debo repetirme innumerables veces que es lo mejor para ambos.
Para el momento.
Entonces, los educadores se obligan a ignorar que la comunicación de la clase se enfrenta a la selectividad de las conciencias únicas, pero al mismo tiempo no pueden hacerlo porque entonces ignorarían la necesidad del pensamiento autónomo, lo que es una exigencia pedagógica inalienable. En estricto rigor, de éstas paradojas resultaría que la educación es imposible.


